El peronismo y sus internas. Cristina, Scioli y Urtubey en gateras. Brindis por Aníbal, llantos por Stiuso. Verbitsky y los nuevos cortesanos.
La interna en el peronismo ocupa un lugar destacado dentro de las notas de análisis del día de hoy. No es para menos. La resolución judicial que los obliga a elegir autoridades antes del 8 de mayo puso en remolino al partido que cayó derrotado luego de ser oficialismo 12 años a escala nacional y casi 30 en la provincia de Buenos Aires. El rol que logren Cristina y el kirchnerismo no es, en ese marco, un problema menor. Ni para los analistas ni para Macri.
Mario Wainfeld, hablando sobre la derrota electoral, escribe en Página12 que “el impacto del resultado sobre el peronismo es palpable aunque se medirá en años y no en meses. Un error garrafal y simplista acecha a dirigentes y militantes kirchneristas: creer que ese proceso se resume a una o dos causas y a lo que pasó en 2015. Tal lectura subestima el veredicto electoral bonaerense en 2013, sin “Lanattas” de por medio. Y se saltea una lectura integral de las votaciones del año pasado, que comprende una caída inédita en Jujuy, definición por penales en Entre Ríos y casi 20 puntos porcentuales diluidos entre 2011 y la primera vuelta del año pasado. Sin elaborar esos traspiés, evocando un ilusorio gobierno perfecto y mítico, tal vez se conserve la autoestima pero difícilmente se consiga convocar nuevas adhesiones o proponer un proyecto superador”.
El cronista llama a “luchar” contra los balances fáciles de cara a lograr mayor amplitud en la construcción de una alternativa opositora. En otra columna de la misma edición fustiga que “a la luz de la experiencia, el kirchnerismo más simplista debería repasar sus esquemas blanco-negro (…) En la construcción de una alternativa opositora sería letal el sectarismo, que el ditirambo alimenta”.
Es difícil saber con precisión de que "sectarismo" habla. Dejemos asentado solamente que consigna un error en la segunda vuelta de las elecciones porteñas. Recordemos, de paso, que Martín Losteau es hoy embajador del gobierno de Macri.
Volviendo al peronismo en general, agrega Wainfeld que “la Carta Orgánica del PJ, como Dios manda, establece que las autoridades partidarias deben ser elegidas por el voto secreto y obligatorio de los afiliados. Pero, como Dios manda, primero están las roscas, después el movimiento y por último las reglas (…) Siempre hubo fumatas, listas de unidad, Congresos soberanos”.
“Al comenzar la lid abundan los precandidatos”-agrega y señala que “el ex gobernador y ministro Jorge Capitanich es un aspirante seguro. El gobernador salteño Juan Manuel Urtubey es otro. El ex gobernador Daniel Scioli siempre pinta aunque los compañeros lo ven un poco desteñido. El ex secretario Guillermo Moreno dice querer competir (…) una interna nacional funciona como una sumatoria de internas provinciales: el peso territorial es básico. Scioli no arraiga en ninguno aunque es conocido en todos. Al revés que los gobernadores o ex”.
La incertidumbre gana al columnista de Página, quien termina afirmando que “nadie puede dar por seguro un desenlace cuando el mundo cambió. Un sismo sacudió al territorio, los viejos mapas pueden fallar”.
Por su parte, en Clarín, Julio Blanck escribe que “una metamorfosis brutal sucedió entre el “vamos por todo” de Cristina en febrero de 2012 y el reciente manual de “micromilitancia” con consejos desopilantes para resistir al nuevo gobierno de Macri. El cristinismo, etapa superior del kirchnerismo basada en la ideologización extrema y un análisis vetusto y rudimentario de las relaciones de poder, cayó inevitablemente en el encapsulamiento”.
Agrega además que “si sigue como viene, y no es fácil que cambie, el cristinismo y su expresión más simbólica, La Cámpora, parecen destinados a ser, en el mejor de los casos, una corriente minoritaria en el amplio y flexible mundo peronista”.
Si bien el kirchnerismo sufre no pocos limitantes a la hora de ganar peso al interior del peronismo, el mismo periodista se ve obligado a decir que “Cristina mantiene un nicho considerable de adhesión incondicional. Un sondeo independiente difundido en estos días mostró que algo más del 15% de la sociedad conservaría una imagen “excelente” de su gestión. Ese capital político está en retroceso y bajo riesgo de desgastarse con velocidad. Pero hoy está vigente. Y todavía no tiene una construcción alternativa que lo desafíe”.
Diagnosticando la interna del peronismo otrora oficialista, señala que “Massa juega con ese riesgo ajeno. Hace un cuidadoso equilibrio entre su acercamiento con Macri y Vidal y su toma de distancia para seguir transitando la vereda opositora. Se mantiene muy visible en el centro de la escena”.

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