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sábado, 8 de abril de 2017

Después del #ParoNacional: Macri, la CGT y la sombra de la Panamericana

El Gobierno, la burocracia sindical y un diálogo con límites marcados. El ajuste, la fuerza del paro y el sindicalismo combativo y de izquierda.




El paro del 6 de abril fue una contundente demostración de fuerzas por parte de la clase obrera. La misma ocurrió a pesar de la furiosa campaña anti-sindical montada por el oficialismo y el gran empresariado, campaña que encontró su lugar en medios de comunicación y redes sociales. Pero el “país virtual” de Cambiemos se estrelló contra el país real, el que estaba paralizado por el poder social de la clase trabajadora.

La furia gorila del oficialismo registra un nivel de ascenso constante desde el inicio del conflicto docente. A medida que los y las trabajadoras de la educación rechazaban las misérrimas propuestas salariales de Vidal en la provincia de Buenos Aires, el encono se acrecentaba. Llegó a su nivel más alto cuando la gobernadora propuso canjear la salud de los docentes por su salario, pidiendo bajar el “ausentismo”.

La movilización del #1A no hizo más que radicalizar ese esquema discursivo del Gobierno. Las (pocas) decenas de miles de personas que marcharon el pasado sábado mostraron un marcado odio de clase, condenando a todo aquello que no fuera parte de la “Argentina blanca y pura”.

Ese espaldarazo -con el que el oficialismo no parecía contar- sirvió para profundizar el relato anti-obrero gubernamental. Aquella que reconoce de palabra el “derecho a manifestarse” pero lo estigmatiza en los hechos, al punto de llegar a la represión, como ocurrió en la mañana del jueves en la Panamericana.




Fantasmas de clase:    Precisamente por eso, en la jornada de este jueves, la Panamericana fue uno de los escenarios donde se jugó parte capital de los resultados políticos del paro. A la jornada masiva pero “dominguera” convocada por la burocracia, se le sumaron los combates ocurridos en uno de los accesos más importantes a la capital del país.

La Panamericana ocupó el centro de la escena política por horas y terminó siendo un problema político para el Gobierno. De allí que el paro no haya sido solo de la CGT, sino que ésta tuvo que compartir –mal que le pese- el triunfo que el mismo significó.

Fernando Rosso en el recientemente publicado ¿Existe la clase obrera? (Capital Intelectual, 2017) señala que la Panamericana ha sido un verdadero “laboratorio” de la lucha de los sectores avanzados de la clase obrera. Allí, “todas estas manifestaciones con mayor o menor influencia, estuvieron ligadas a la izquierda política o sindical que le dio impulso, orientación o apoyo”.

Conservadores

“Sí, somos conservadores, queremos conservar los empleos, nuestros convenios colectivos”. La afirmación la hizo Juan Carlos Schmid. Antes había pedido (exigido) que “no los corran por izquierda”. Ocurrió durante la conferencia de prensa que tuvo lugar en el salón Felipe Vallese de la CGT.

La conducción de la CGT volvió a presentarse ante la llamada opinión pública como salvaguarda de la “paz social”. No lo hizo solo hacia el futuro, sino también rememorando lo actuado (o más bien lo no actuado) durante 2016. La palabra “prudencia” ocupó los discursos nuevamente.

La paralización del país es la moneda de cambio con la que una casta privilegiada de los sindicatos se propone seguir ocupando el lugar de consorte del poder político. El paro se ofrece así como la demostración de fuerzas que pretende obligar al Gobierno a modificar su agenda económica. Algo que, como se desprende del discurso oficial, no aparece en el horizonte.

Esto, de paso, desmiente el relato kirchnerista que –hasta ayer nomás- presentaba a los sindicatos “heredados” del ciclo político anterior como baluartes de defensa ante el ajuste del Gobierno.

Allí está el ejemplo de Gerardo Martínez (Uocra) aceptando el maltrato de Macri el pasado lunes, cuando se firmaba el Acuerdo Federal por la construcción. El oficialismo permanente del ex espía del Batallón 601 tiene sus raíces en el vínculo estructural que ata las organizaciones obreras al Estado capitalista, por múltiples vías.

En el libro El Gigante Fragmentado (Final Abierto, 2016) se señala precisamente –en debate con la corriente institucionalista- que “más sindicatos no es igual más derechos”. Allí se rememora que, en aras de conservar el llamado “poder asociacional”, en los años 90 la conducción de los gremios y la CGT permitió el avance de los despidos, la desocupación y la pobreza bajo el menemismo.

La conducción de la CGT apareció unida en la conferencia de prensa de este jueves. Pero, esa imagen tiene una cierta impostación. Las tensiones y divisiones en la conducción cegetista tiene sus matices y diferencias. Fueron éstas las que empujaron a la eterna postergación del paro que tuvo lugar el pasado jueves.

En ese marco de divisiones, la reafirmación del rumbo económico por parte del Gobierno aparece como un límite para que la burocracia de la CGT pueda jugar un factor moderador, como garante de la "paz social".

Desde el otro lado (desde la izquierda para ser precisos) aparecen el sindicalismo combativo y la izquierda como actores de peso no menor en la escena social. Así las cosas, el fantasma de la Panamericana no acosa solo los pensamientos de Macri y Bullrich, sino también los de Daer, Schmid y sus colegas.

            Eduardo Castilla

jueves, 8 de octubre de 2015

Argentina: El escándalo de Volkswagen y las consecuencias para los trabajadores




CÓRDOBA // FRAUDE VOLKSWAGEN

El escándalo de Volkswagen y las consecuencias para los trabajadores

El fraude ecológico de Volkswagen demuestra la sed de ganancias de la multinacional alemana y ahora amenazan con despidos masivos. Una salida para los trabajadores.



Se lee en la primera plana en periódicos del mundo: “el fraude ecológico de Volkswagen”. A los directivos internacionales del grupo alemán, no les importa la salud de la población, que sufre efisemas y enfermedades respiratorias. Su sed de aumentar las ventas y ser la automotriz “número uno”, no tiene reparos. Tampoco les importó, la salud y vida de sus trabajadores, cuando las enfermedades laborales producto de los brutales ritmos de producción, dejan el tendal de obreros con tendinitis y hernias de columna. Año tras año, aumentaron sus ganancias, hasta llegar a ser “la número uno” mundial.
Esos años, los trabajadores los vimos pasar sin recibir ningún tipo de beneficio en nuestras vidas.
Ahora, a tan sólo dos semanas de desatado el gran escándalo, y para cubrirse del fraude que han cometido, desde Volkswagen ya anunciaron “drásticos ajustes”, congelamiento de inversiones y despidos masivos. Esta es la forma en que el monopolio alemán intenta hacer pasar su fraude.
Los gobiernos nacional (Kirchner), Provincial (Scioli-De La Sota) y municipal (Massa-Mestre), que abonan con subsidios de todo tipo, las ganancias que levantan “en pala”, son incapaces de tomar ningún tipo de medida para defender a los trabajadores de la multinacional.

SMATA, una conducción sindical que permite el avance de la empresa sobre los trabajadores

En argentina, ya empiezan a sentirse los coletazos del escándalo. Se está discutiendo un acuerdo de SMATA nacional con Volkswagen Pacheco que garantiza la estabilidad laboral hasta…julio de 2016. Eso sí, aumentando la producción por puesto de trabajo un 10%.
Y ya se habla de retiros voluntarios. En Córdoba, golpeada también por la caída de las exportaciones al mercado brasilero, se multiplican las suspensiones, pasando de 4 a 10 días por mes, con adelanto de vacaciones e incertidumbre.
Mientras la burocracia sindical, habla de sobrante de cientos de compañeros en ambas plantas, en Córdoba reclaman el despido liso y llano de los compañeros de la empresa Cargo que, enrolados en el gremio Camionero, cumplen en forma tercerizada la logística interna.
La dirección del SMATA colabora con la empresa, permitiendo el retiro “voluntario” (todos conocemos qué tan voluntario es dicho retiro, cuando empiezan a presionar a opositores, activistas y enfermos, para que se retiren), y la amenaza de pagos cada vez menores, de los futuros días de suspensión.
Los salarios cada vez menores empujaran a los obreros a resistir y a luchar para mantener sus puestos de trabajo, en el marco de un futuro ajuste devaluatorio que encarezca el nivel de vida.
En estos años de record de producción y ventas, nuestros salarios perdieron con el costo de vida. Ahora que “hay crisis”, la conducción del SMATA habla de “cuidar el trabajo”, dividiendo entre tercerizados y efectivos, aumentando ritmos de trabajo en los días laborables y aceptando la movilidad del personal.

Una salida para los trabajadores

Mientras Volkswagen Alemania, en un comunicado oficial habla de “preservar los puestos de trabajo”, en México se habla de despidos masivos.
Por eso, los trabajadores debemos imponer la unidad de los trabajadores en las plantas, la apertura de los libros de contabilidad de los últimos 5 años, para demostrar a la sociedad las ganancias de Volkswagen. Con sólo una pequeña parte de ellas, se pueden mantener salarios y puestos de trabajo, repartiendo el trabajo entre todos.
O logramos imponer este camino, o sufriremos las consecuencias de una crisis que no generamos.
  Por Sergio Folchieri
(Trabajador de Volkswagen y lista 2 del SMATA)